La leyenda de Winter en Fuerteventura

Hace ya más de 80 años que existe la leyenda sobre el misterioso alemán Gustav Winter, a quien pertenecía toda la Península de Jandía y que supuestamente era un íntimo hombre de confianza de Göring. En las últimas décadas, un número incontable de periodistas, historiadores e investigadores aficionados han intentado averiguar, sin éxito hasta la fecha, la verdad acerca de todos estos rumores que giran alrededor de los nazis, submarinos, búnkeres secretos y oro robado en la Isla de Fuerteventura.
El año 2018 será el punto de inflexión, el secreto se desvelará.

Se dice que llegó a Canarias por primera vez allá por los años 20 del siglo pasado: Gustav Winter, ingeniero originario de la Selva Negra alemana, nacido en 1893. Construyó la central eléctrica CÍCER en Las Palmas de Gran Canaria. Después apareció en la Isla de Fuerteventura, adonde al parecer debía de haber llegado acompañado por un maletín lleno de dinero – procedente de las arcas de guerra de Göring – para comprar terrenos en la España sacudida por la Guerra Civil, con el fin de instalar ahí una base militar para el Tercer Reich, que se encontraba en la plena fase de preparativos bélicos.

Ante ello, el Dictador Francisco Franco no solo no se inmutó – arrastraba una deuda considerable con Hitler, que le había ayudado a ganar la Guerra Civil enviando la Legión Cóndor -, sino incluso facilitó apoyo a los esfuerzos alemanes. Sin perder el tiempo, Winter se apoderó de la Península de Jandía, situada en el sur de Fuerteventura.
Al parecer, después debió de ocurrir algo extraño: se levantaron unas vallas para aislar el territorio de la Península del resto de la isla. La población autóctona, los llamados medianeros, fueron expulsados autorizados a pisar la zona únicamente para trabajar en la construcción de carreteras y puertos; al anochecer estaban obligados a abandonar Jandía. Se decía que ahora mandarían ahí los alemanes, se hablaba de soldados, buques de guerra, submarinos y baterías de costa. En el norte de la Península de Jandía, una zona inhóspita y dejada de la mano de Dios, se comenzó la construcción de una casa enorme, que parecía más una fortaleza que un chalet, al lado del poblado de pastores y agricultores llamado Cofete. La casa, a la que todo el mundo le llamaría más tarde “Villa Winter “, habría sido construida sobre un amplio sistema de cuevas volcánicas que comunicaba con el mar. Con mucho empeño fueron realizadas unas voladuras en las cuevas subterráneas de grandes dimensiones y construidos los atracaderos para los submarinos alemanes. Una y otra vez se mencionaban apellidos como Canaris, Himmler y Dönitz.

Ahí, en el interior de esos búnkeres subterráneos secretos, habría ocurrido el repostaje y el mantenimiento de los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, lo que los hacía invisibles para los aviones de reconocimiento de la Royal Air Force, con el fin de hacer frente desde ahí a los aliados en el atlántico. Junto a Punta Faro, en el extremo sur, surgieron dos campos de aviación para las Fuerzas Aéreas Alemanas, la Luftwaffe. Gracias a la máxima discreción y las abundantes reservas de oro, de las que al parecer debía de disponer la base militar, después del final de la guerra esta base continuó funcionando por mucho tiempo. Criminales de guerra como Mengele, Bormann, Eichmann e incluso el propio Hitler habrían sido sometidos a operaciones de cirugía estética en las instalaciones médicas de la Villa Winter pudiendo continuar su huida a Sudamérica sin ser reconocidos. Mediante aviones y submarinos fueron trasladados a Argentina y la Antártida, donde el Tercer Reich mantenía otra base en funcionamiento en la legendaria Nueva Suabia, Neuschwabenland.

Más tarde, cuando ya habían hecho pasar a los últimos nazis por aquel lugar, cesaron las actividades en la Villa y la base fue abandonada, quedando protegida de la visita de curiosos por unidades paramilitares, tal y como lo había ordenado Franco. Una vez que todos los pasadizos subterráneos, búnkeres e instalaciones habían sido volados, borrando de ese modo todas las huellas, la familia Winter vendió toda la finca a inversores de gran solvencia procedentes de todas las partes del mundo. Surgirían los primeros hoteles como la Casa Atlántica y Jandía Playa. Un gran grupo empresarial del sector turístico de Gran Canaria se hizo con la zona de Cofete y pretendía abrirla al turismo.

Hasta aquí, la leyenda. Y ahora, ¿qué hay de verdad y qué no? ¿Hubo en Fuerteventura nazis y submarinos?, ¿búnkeres y túneles secretos? El autor y publicista austro-alemán Alexander Peer se hizo cargo de esta historia en el año 2015 y emprendió una investigación de dos años para desvelar el secreto. Consultó archivos en Alemania, Austria, España, Gran Bretaña, Francia, Suiza y Estados Unidos, se entrevistó con historiadores de renombre, profesores universitarios, autores, periodistas y testigos presenciales en todo el mundo. Muchos vuelos, miles de kilómetros en autovía y cientos de horas de trabajo se invirtieron en viajes de investigación. Pesquisas extensas en fuentes hasta la fecha inexploradas desenterraron documentación y documentos nunca revisados antes, que aportan conclusiones sorprendentes. Tanto en archivos municipales, estatales y universitarios como en registros civiles de municipios y ayuntamientos fueron escudriñados datos, unos datos que ahora permiten demostrar vínculos asombrosos. Finalmente, el autor consiguió también, gracias a su tenacidad, el permiso para poder examinar documentación hasta ahora inaccesible. Todas las conclusiones obtenidas aportan las piezas de un rompecabezas, con las que Peer compone en este libro una visión completa de estos acontecimientos sorprendentes.

El libro WINTER – EL MITO – La verdad sobre el ingeniero alemán Gustav Oskar Winter pronto estará disponible en sus ediciones respectivas en español, alemán e inglés. Ilustrado con una gran cantidad de figuras, mapas y fotografías desvelará el secreto de la leyenda sobre Gustav Winter en Fuerteventura …